lunes, 7 de abril de 2008

Mazoquismo gastronómico vs. Rendimientos Marginales Decrecientes


Siempre he reparado en las cosas más nimias que hacemos a diario sin darnos cuenta de todos los intrincados procesos que subyacen al realizarlas. La complejidad nos rodea. Está ahí siempre, hasta en "esas pequeñas cosas". También está en nosotros abrir los ojos a ella, aunque sea una vez cada tanto como para no aburrirnos. Si a eso le sumamos mi ocasional obsesión por los análisis infructuosos de cuestiones que aún resueltas, no le mejorarían la vida a nadie, obtenemos este artículo

Seguir leyendo...



Siempre he reparado en las cosas más nimias que hacemos a diario sin darnos cuenta de todos los intrincados procesos que subyacen al realizarlas. La complejidad nos rodea. Está ahí siempre, hasta en "esas pequeñas cosas". También está en nosotros abrir los ojos a ella, aunque sea una vez cada tanto como para no aburrirnos. Si a eso le sumamos mi ocasional obsesión por los análisis infructuosos de cuestiones que aún resueltas, no le mejorarían la vida a nadie, obtenemos este artículo.

Siempre me sorprendió la manera en que comemos. No me refiero a la calidad o cantidad, sino a la forma, al modo. Tan solo basta con servir el mismo plato a 5 personas como para darnos cuenta que presenciaremos 5 experiencias totalmente diferentes. El ejemplo más gráfico que se me viene a la mente, son las distintas maneras que he visto de comer un Mac Combo. Sólo por nombrar algunas que recuerdo:
  • comer primero las papas fritas, luego la hamburguesa y al final la gaseosa
  • comer paralelamente la hamburguesa y las papas fritas, intercalando con sorbos de gaseosa
  • tomar la mitad de la gaseosa, poner las papas dentro del sandwich y comerlo, terminar la gaseosa
  • comer la hamburguesa con la gaseosa y "de postre" las papas fritas
  • dejar las papas dentro del cartucho, tirar las papas encima del papel desenvuelto de la hamburguesa y "mojarlas" en ketchup...etc

Cada uno debe tener su técnica. Yo por mi parte (al igual que mi amigo JG) voy dosificando de manera casi obsesiva la cantidad de papas, para ir intercalándolas con mordidas de la hamburguesa. Nunca me va a agarrar un bocado de hamburguesa, sin papas para acompañar. La gaseosa la voy consumiendo de a sorbos, siempre guardando algo para llevarme, ya que la sed me ataca a los 10 o 15 minutos de haber comido.

Existen infinitas combinaciones de maneras diferentes de comer un Mac Combo. Estas, sin embargo, están reguladas por dos sencillas reglas que versan sobre una misma materia: que dejar para lo último? lo más o lo menos rico?. Estas son:

- el masoquismo gastronómico
- la ley de rendimientos marginales decrecientes



Mi posición es más bien contingente. Nunca me he puesto de acuerdo conmigo mismo. Dependiendo de la situación, he optado por una o por otra. Analicemos ambas posturas.

He bautizado masoquismo gastronómico al 11º mandamiento que Moises no pudo escribir debido a que rompió el cincel luego del 10º: "comerás lo más rico en última instancia". No dejo de notar cierta perversión en esta idea: el consentido postergamiento del placer. Hay en el mandamiento casi tanta perversión como en "no desearás la mujer de tu prójimo". Viene a mi mente una escena de Vanilla Sky donde Tom Cruise cuenta que se considera un "pleasure delayer", un dilatador del placer. Cuenta que gusta de llevar una situación de conquista hasta el punto más álgido, hasta el momento en que la situación no da para más, que el beso llega por decantación, que al roce se accede por ósmosis, que el sexo es una consecuencia inevitable.

Con el masoquismo gastronómico sucede algo similar. El disfrute se logra postergando una situación. Ejerciendo un autocontrol tortuoso sobre cuando y que se come. Autocontrol, porque manejamos la situación y elegimos dejar la parte que sabemos que más disfrutaremos para el final y tortuoso porque algo dentro nuestro está rogando que nos dejemos vencer y finalmente accedamos a ese "premio".

No le encuentro una explicación racional a este comportamiento. De qué manera objetiva podemos disfrutar de una situación postergándola?. Por qué razón científica podemos disfrutar de una cosa más cuanto más tiempo dejemos pasar, entre el momento que sabemos fehacientemente que va a suceder y el momento en que finalmente sucede?

Si descomponemos en partes la situación analizada, encontramos dos componentes fundamentales:

1. un período de tiempo entre el momento en que decidimos voluntariamente comer en última instancia algo (punto A) y en que al fin y al cabo lo comemos (punto B)

2. la certeza de que finalmente llegaremos al punto B

Automáticamente se me presentan varios interrogantes: el tiempo entre A y B puede prolongarse indefinidamente? cuanto más tiempo transcurra, más disfrutaremos? es absolutamente necesaria la certeza de que consumaremos el hecho o con un fuerte anhelo alcanza? la función que describe esa satisfacción en el tiempo, tiene alguna tangente paralela a X? por ende entonces, decrece la misma en algún momento? cuál es entonces el punto de inflexión?

Efectivamente la curva que describe nuestra satisfacción entre los puntos A y B en algún momento debe decrecer. Llega una instancia que seguir haciéndonos desear, no aumenta el placer (atención chicas!). La ley de rendimientos marginales decrecientes (LRMD) nos permite científicamente determinar ese punto.

Repasemos un poco Micro 1, la LRMD en criollo dice que si vagáramos por el desierto durante 3 días sin probar líquido, nos cruzáramos con un oasis y pudieramos medir cardinalmente la satisfacción que nos produciría tomar agua, cada vaso adicional nos generaría menor goce hasta llegar un punto que el mismo se haría nuló y de continuar, nos produciría hastío(estaríamos llenos de agua). En nuestro ejemplo (Imagen 1) podemos ver que el ideal de vasos sería 7.

Lo interesante es que podemos lograr similares niveles de satisfacción tomando 5 o 10 vasos. Esta es una libertad matemática que se toma la función, debido a que no considera la variable "estar lleno de agua" y al mismo tiempo no le otorga un costo al bien. Si el mismo experimento se realizara con un objeto que tuviera un costo, el óptimo será sólo 1 y estará determinado por el cruce de la función de rendimiento marginal (la azul) y la de costo marginal.

Traduciendo un poco a nuestro ejemplo, llega un momento que si seguimos postergando el momento de comernos nuestro bocato di cardinale, se nos irá el hambre y no lo disfrutaremos como si lo hubiéramos hecho más temprano.

El gran problema de la LRMD es que peca de simple. Según esta ley, deberíamos empezar por lo más rico, ya que nos generaría mayor satisfacción marginal cuanto ante lo hiciéramos. Al haber simplificado tanto la función, no hemos hecho diferencias entre el "hambre" y las "ganas de comer", dejando fuera de la misma ambas variables.

Cada bocado de nuestra comida contribuye de manera diferente a cada variable. Al principio, nuestros bocados contribuyen marginalmente en mayor medida a saciar el hambre que a las ganas de comer, mientras que a a medida que promediamos nuestro banquete esta relación se va invirtiendo, hasta comer sin hambre o "comer de gula".

Por ende, si agregáramos a nuestra función ambas variables, lograríamos un punto de equilibrio (subjetivo para cada comensal) que nos indicaría que lo más rico, no deberíamos comerlo ni al principio ni al final, sino en algún momento intermedio de nuestra comida

Pero es una función que hoy no desarrollaremos y creo que nunca lo vayamos a hacer.



3 comentarios:

Nico dijo...

Acá nos encontramos ante un problema bastante subjetivo. La teoria del "pleasure delayer" es solamente una de las razones por las cuales dejamos lo mas rico para lo último. Otra teoria -tal vez valida - es la del "after taste". Estudios de campo realizados con caramelos sugus prueban que en general uno deja los mas ricos para el final, no por la satisfacción que crea el retardo sino por el último gusto que queda en la boca. Pocas personas dejan el de limon para el final, la gran mayoria deja la manzana verde, la roja o el de Anana. Un experimento simple; si a mi no me gusta tanto el sugus de limon o el de naranja...estaria dispuesto a comprar caramelos si el 75% son de estos gustos? Muchas veces me banque un amarillo porque sabia que para el final estaba el verde manzana.

Lo que no conviene - y haciendo caso al articulo - es quedarse sin hambre. Por mas rico gusto que uno se quede en la boca, la sensación del estomago lleno diluye cualquier satisfacción.

Me imagino que tiene que haber un punto de maximizacion de satisfaccion antes del cambio de tendencia, en el que el mix de la preferencia sea totalmente subjetivo...

Tincho dijo...

pasa lo mismo con las Sutidas Bagley, aunque aca la cosa esta mas peleada: yo compraba Surtidas solo para comer anillitos rosas (ya se, suena gay), hay gente que preferia las de chocolate, otros las bocas de dama. Pero todos aceptabamos comprar surtidas a sabiendas de que tendriamos que soportar galletitas que no nos gustaban mucho...

Rodrigo G. dijo...

En fin, les había escrito un comentario tan largo y lleno de cosas que ahora me da pereza volver a hacerlo, la maquina se ha trabado y se borro todo, en síntesis: me quedé perplejo de tantos conceptos científico-estadísticos aplicados a un hecho tan importante y poco profundizado por las mentes mas claras de nuestra época, es éste un gran aporte al mejor momento del día: el disfrute con nuestro plato.
Supongo que esto de retardar el placer viene aparejado con el tema sexual. El orgasmo masculino depende de una sumatoria de estímulos que culminan con una sensación de bienestar máxima antecedida de una escalada de sensaciones crecientes a priori irrefrenables. Ya en tiempos antiguos hubo cultores del retardo del placer. En el Kamasutra se habla de que mediante ejercicios y entrenamiento(prueba y error) se logra con el tiempo el retardo eyaculatorio y la estabilización del placer inmediatamente anterior a él. Propongo transformar de una vez al acto alimenticio como una verdadera búsqueda del placer culinario: comer despacio, muy despacio y transformar los espacios entre bocados en un elongado deleite. Olvidarse del hambre real subyacente e ir colmando esa sensación de ansiedad con un contínuo envío de señales placenteras al estómago, llenarlo de a poco: andar en tobogán no en escalera, diapasón de chelo, no de guitarra. La comida debería durar alrededor de una hora, a razon de 15 a 20 bocados. El climax se podría representar dejando un gran bocado final o bien como hace mucha gente, deborando rápidamente, sólo el postre. Chicos sigan escribiendo! un abrazo!