viernes, 18 de abril de 2008

Diario de un obsesivo - MARTES


MARTES


Me acabo de dar cuenta hoy. Seguramente hice lo mismo ayer y siempre, pero me di cuenta hoy. Y me di cuenta porque ya empezó a hacer frío y la leche me la estoy calentando. Tardo exactamente 2 minutos en hacerme el desayuno. 120 segundos. No digo "2 minutos" como una expresión. El microondas me avisa. Son exactos 2 minutos.

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MARTES

Me acabo de dar cuenta hoy. Seguramente hice lo mismo ayer y siempre, pero me di cuenta hoy. Y me di cuenta porque ya empezó a hacer frío y la leche me la estoy calentando. Tardo exactamente 2 minutos en hacerme el desayuno. 120 segundos. No digo "2 minutos" como una expresión. El microondas me avisa. Son exactos 2 minutos.

Después del baño, voy a la cocina. Abro la heladera. Saco la leche, la mermelada, el jugo y el queso. Agarro una taza. Le pongo 1 sobre y medio de edulcorante y media cucharita de café instantáneo. Lo lleno de leche y lo pongo al microondas a 1000w durante 2 minutos. En ese tiempo, unto 4 galletitas de agua con queso primero y dulce después. Me sirvo un vaso de jugo. Llevo todo a la mesa y en el camino agarro el rollo de servilletas de papel. Cuando terminé de acomodar todo, suena el microondas avisando que la leche ya está lista y con el grado de temperatura que a mi me gusta. Y siento alivio. Alivio porque terminé justo antes de que sonara el microondas. Alivio porque le gané al microondas. Alivio porque no se que hubiera pasado si demoraba más.

A la tarde fui a hacer un trámite y cometí el error de no llevar nada para leer. Siempre en el auto tengo al menos 1 libro y alguna revista. No me puede pasar nada peor que encontrarme en un lugar donde tengo que esperar y no tener algo para leer: cuando llevo el auto al lavadero, en un bondi, en la sala de espera de un médico. Creo que nunca voy a poder superar mi terror a la espera, mi fobia a las colas. Se que suena exagerado, pero no lo es: sufro horrores esperando sin hacer nada. Es mi peor condena.

Saqué número: el 56. En ese mismo momento de uno de los boxes gritaron "34": 56 menos 34, 22. Son 3 atendiendo. 22 dividido 3 es 7. Cada persona tarda aproximadamente 5 o 6 minutos. 5 por 7, es 35. Tengo mínimo 40 minutos de espera. Cuánta gente hay sentada esperando?...17. O sea hay 5 personas que o sacaron el número y se fueron a hacer otra cosa, o simplemente cansados de esperar abandonaron el trámite y sus números serán requeridos inútilmente. Entonces no son 22 los que faltan, quizás sean 17. 17 dividido 3, es 6. 6 por 5 es 30. "35" grita un señor gordo, con cara de estar contando los días para jubilarse.

Por qué las cuentas doctor? No puedo dejar de hacer cuentas. Todo lo veo como si fueran números y están ahí esperando que los cuente, que los use, que los multiplique, que les dé vida. Por qué las cuentas? Están ahí, me seducen. Me llaman. No puedo evitarlo. Son como cantos de sirena, usted me entiende doctor. Es la manera que tengo de pensar, es la forma en que me armo las ideas en la cabeza. Imagino que a un músico le pasará algo similar, verá todo como notas, arpegios, armonías, escalas. Y un pintor? Pero yo no soy matemático...los números...las cuentas...están ahí, siempre...

Momento, si hay 5 personas que no están y suponiendo que se fueron a sus casas, es muy probable que hayan tirado su número antes de irse. Me paseo por la sala. Miro el piso desinteresadamente para no levantar sospechas. Me daría vergüenza que alguien me viera levantar un número del piso. A mi me caería mal que alguien lo hiciera. Sin embargo no me siento mal si lo hago yo. Veo algunos números. "36 por favor”. Están todos arrugados. ¿Por qué la gente arruga los números antes de tirarlos? Levanto uno cuando nadie me mira. O eso creo. Es el 98. Debe ser de la anterior serie. Efectivamente, tengo el 56 B. Este es 98 A. No me sirve. Encuentro otro, el 25 A. Tampoco. Voy a la vereda. La gente es sucia, ¿por que no tirarlo en la vereda? Encuentro 3. Dos no sirven. Pero el tercero es el 52 B. Bien! La búsqueda no fue infructuosa. Gané 4 lugares. Técnicamente 3, ya que cuando llamaran al 52, si yo no lo hubiera encontrado, nadie hubiera ido y llamarían automáticamente al 53. O sí iría alguien. Quizás alguien encontrara el número tirado. ¿Por qué no puede haber otro como yo, que busque números tirados? ¿Por qué no? No, no creo que nadie haga lo que hago yo...

Entro nuevamente a la sala de espera. El cartel rojo marca el 36. No paso nada mientras estuve fuera. Veo el rollo de números. Me acerco a ver por qué número van para saber cuál hubiera tocado si hubiese entrado en ese momento: el 63. Me pongo contento. Tengo el 52 y el 56. Pasaron 5 minutos desde que llegué. O sea que entran a razón de 1,2 personas por minuto. (¿Para que sirve esa cuenta?). Se acerca una señora a sacar número. Me adelanto y le regalo el 56. Me mira, sonríe y agradece. Me acerco al rollo de números y saco el que iba a sacar la señora. Me guardo el 63 en el bolsillo. Sigo caminando por la sala de espera. La gente ni me mira. No les sorprende que alguien simplemente no pueda estar sentado. Me acerco a un rincón de la sala. Hago caer el 63 al piso, de frente, mirando hacia arriba. Para que en un rato, algún inquieto como yo, buscando en el piso un número más bajo lo encuentre y agradezca al destino o a la suerte. Pero, ¿para qué? Si no hay gente que haga las cosas que hago yo...no hay.

1 comentario:

o l i v i a dijo...

Estas cosas me hacen sentir mejor... hay gente más complicada que yo.