Por supuesto que son dos vivencias totalmente distintas dependiendo del lado donde uno está: del dejado o del dejador. Un estudio de la Universidad de Yale, sostiene que el 86% de las personas prefiere ser dejado a cargar con la responsabilidad de dejar. En realidad no existe tal estudio, es más bien una estimación mía, pero si no hiciera esta aclaración, la mayoría de los que leyeran esto creerían en la veracidad del estudio sin chequear la fuente y lo comentarían con al menos 7 u 8 personas, creando una "verdad". Pero eso es material para otro artículo, así que no nos vayamos del punto.
Me quiero referir específicamente al rol del dejado. A la situación por la que debe pasar. En general, el dejado, no desea terminar con la relación. Y con mayor o menor sorpresa, se ve envuelto en una ruptura. Y no sólo me refiero a una ruptura de la pareja, sino a una ruptura de la imagen que tiene de la persona dejada. En ese momento la mente borra automaticamente la imagen que uno tenía del ser amado y la reemplaza por un ideal. Uno empieza a añorar al ser idealizado y no a la persona que nos acaba de romper el corazón. Y lo más interesante es que suscita una serie de acciones que sólo pueden ser justificadas y entendidas como lógicas, por el dejado.
Y este simple hecho, entre muchas cosas, ha sido el respnsable de al menos la mitad de la poesía romántica que se haya escrito, de infinidad de canciones de amor y le ha dado sentido a innumerables tangos. Y al mismo tiempo, desde una óptica totalmente racional, no justifica dedicar ningún esfuerzo para una persona que nos acaba de comunicar que no nos desea tener más como amantes y que a la postre, es muy probable que nos esté cambiando por otra. A que nos referimos con esto?
Cuando Pablo Neruda, en el poema 20 de sus |20 poemas de amor y una canción desesperada nos conmueve con una serie de versos dedicados a un amor perdido, a una mujer que lo dejó añorando en una noche fría y estrellada.
Poema 20Realmente nos cuesta creer que nos está hablando de una mujer que se presentó en su casa una tarde sin más y cuando menos lo esperaba le dijo "Estoy cansada de esta situación. Lo nuestro ya no puede ser más, con dolor te dejo, adios". Más bien, se está refiriendo al ideal que tenía de esa mujer. Nos habla de la mujer con la que pasó momentos maravillosos, noches largas de pasión, con la que realmente se sintió vivo. De la que si lo tuvo que dejar, debió ser por un imponderable. De la que si lo tuvo que dejar, debió ser por una razón que estaba más allá de su esfera. Cuando sabemos, por experiencia, que es muy probable que detrás de esa chica que besó tantas veces bajo del cielo infinito haya una simple muchacha que cansada de las pocas atenciones que le brindaba nuestro amigo Pablo, por dedicarse todo el día a escribir, se terminó enamorando de un compañero de clases que la consolaba cada vez que volvía de la casa de su amante entre lágrimas por tanto desprecio y desatención.
* * *
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
* * *
Usted dirá "Pero que problema hay en que le escriba a esa persona que lo hizo feliz". Y quizás tenga razón. Quizás el ejemplo de Pablo, aunque por un lado sea universal, por otro pequé de no apropiado del todo. Más bien me refiero a las poesías o canciones que esperan el retorno del ser amado, luego de haber sido abandonado. Y al mismo tiempo no quieren reconocer que ya no volverán a estar con esa persona. Ahí está, eso es lo que me molesta. La continua justificación, el alimentar tontamente esperanzas injustificadas. Hallar en el más mínimo resquicio de duda, la posibilidad de volver con el ideal que teníamos de esa persona y evidentemente a pesar que de no queramos verla, ya no existe. Quizás esta sea una muestra más cabal de la dicotomía del idealizador: por un lado desea que vuelva el ser amado idealizado y por otro no se da cuenta que esa persona no existe más.
Por supuesto que como en todas las cuestiones, existen los grises. Están los idealizadores a ultranza, los que reconocen la partida y deciden empezar una nueva vida y los del centro, que reconocen la pérdida, pero el despecho los mueve a hacer catarsis poética y despotricar contra el ser amado. Y José Alfredo Jimenez, nos acerca dos ejemplos perfectos. Una canción que popularizó Armando Manzanero y más tarde Luis Miguel: La media vuelta
La Media Vuelta
Te vas porque yo quiero que te vayas
A la hora que yo quiera te detengo,
Yo sé que mi cariño te hace falta
Porque quieras o no
Yo soy tu dueño
Yo quiero que te vayas por el mundo
Y quiero que conozcas mucha gente
Yo quiero que te besen otros labios
Para que me compares
Hoy, como siempre
Si encuentras un amor que te comprenda
Y sientas que te quiera más que nadie
Entonces yo daré la media vuelta
Y me iré con el sol
Cuando muera la tarde
Y otra canción antigua, que hace unos años popularizó el grupo Maná: Te solte la rienda.
Te solté la rienda
Se me acabó la fuerza de mi mano izquierda,
voy a dejarte el mundo para tí solita;
como el caballo blanco le solté la rienda,
a tí también te suelto y te me vas ahorita.
Y cuando al fin comprendas que el amor bonito,
lo tenías conmigo, vas a extrañar mis besos,
en los própios brazos, del que esté contigo.
Vas a sentir que lloras,
sin poder siquiera derramar tu llanto,
y has de querer mirarte en mis ojos claros
que quisiste tanto, que quisiste tanto,
que quisiste tanto.
Cuando se quiere afuerza rebasar la meta
y se abandona todo lo que se ha tenido,
como tú traes el alma con la rienda suelta
ya crees que el mundo es tuyo
y hasta me das tu olvido.
Y cuando al fin comprendas...
Se me acabo la fuerza, y te solté la rienda.
Dos de las máximas expresiones de soberbia, negación y despecho que yo recuerde, que se pueden mostrar luego de ser dejado por una persona. La mujer ya lo dejó y sin embargo el hombre tiene la soberbia suficiente para seguir llamándose su dueño. Para decirle que con el tiempo se dará cuenta que el amor bonito lo tenía con el. Y no sólo eso, sino que también desafía a la mujer a que vaya por el mundo, conozca mucha gente, sea besada y compare los dotes amatorios de otros hombres con los de él, para que al darse cuenta que nadie se le compara, ella vuelva rendida a sus brazos. O peor aún, que lo recuerde en el exacto momento en que esta besándose con su nuevo amante.
Y por fín, en las antípdas, está este conocido poema de Mario Benedetti, Táctica y Estrategia. No pretende ser algo que no es, es simplemente una oda a la idealización, idealiza a una mujer y se queda en eso. Acá no existe dicotomía entre el ser amado y la idealización de ese ser: el no tener una relación con el ser amado, automaticamente nos deja unicamente con el ideal de esa relación. Por ende se evita la contradicción.
Táctica y Estrategia
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.
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