De la subjetividad del fin del mundo.
Ahí estaba yo acabando de leer la noticia que me paralizo por diez minutos. Ya poco me importaba el libro, o mandar ese mensaje, o llamarlas otra vez. Con el plato enfriandose y los hielos aguando el vino me anime a salir. Afuera, la gente caminaba, los semáforos seguían su secuencia, los aviones aterrizaban y ni un solo tren salía retrasado.
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