"Ya sospechaba, de niño, que ponerle nombre a una cosa era apropiarmela. No bastaba eso, necesite siempre cambiar periodicamente los nombres de quienes me rodeaban porque asi rechazaba el conformismo, la lenta sustitución de un ser por un nombre..." Diario de Andres Fava, Julito.
Parquét , cerveza y pasta picante...intercambio de silabas, palabras por palabras. Con Martin nos propusimos escribir una carilla usando al menos tres de los nombres, y nos salio esto
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"Ya sospechaba, de niño, que ponerle nombre a una cosa era apropiarmela. No bastaba eso, necesite siempre cambiar periodicamente los nombres de quienes me rodeaban porque asi rechazaba el conformismo, la lenta sustitución de un ser por un nombre..." Diario de Andres Fava, Julito.
Parquét , cerveza y pasta picante...intercambio de silabas, palabras por palabras. Con Martin nos propusimos escribir una carilla usando al menos tres de los nombres, y nos salio esto
De Martin
Se buscaban en sueños. Se deseaban sin conocerse. Sin ser.
Se encontraban casi de casualidad. O en una plantación de algodón que en realidad eran copos de azucar de la salida del zoológico cuando tenías 7 años o en vacaciones en Santa Teresita con papá y mamá, que en realidad no eran papá y mamá, era la tía Alicia con su pastel de mazanas apareciendo por la derecha y por la ventana del fondo se veían las montañas…pero Santa Teresita no tiene montañas…
Como desear a una mujer que no se conoce? Como despertarse porque la alarma del quinto volvió a sonar (mañana sí o sí le mando una nota al administrador) con la sensación única e inconfundible de estar enamorado. O era el gusto de los copos de azucar…?
No tenían sexo. Y lo fácil que hubiera sido! Se deseaban, sí, con pasión. Pero otra pasión. Admiración. Orgullo. Autoempatía (vaya palabra tautológica y reflexiva). Como sentirse orgulloso de alguien que no es? Podían pasarse horas (horas?) nada más que cambiando el orden de lo establecido. Inventando mundos. Definiendo. Redefiniendo. Rerredefiniendo. Y la alarma de nuevo…
Y lo más difícil y lo más fácil era volver a encontrarse nuevamente de nuevo otra vez. Hola. Hola. Qué hacés? Palindromas con colores. Montañas en Santa Teresita. Alina Reyes, violeta verde azul verde.
Tenían obviamente su propio lenguaje, que era como todo lenguaje, absurdo, limitado, futil.Y si las palabras no alcanzaban, entonces? Los colores, los olores, los gustos. Te olor a melón maduro. Y yo amarillo patito.
Y se aburrían de eso. Y se reían. Y desafiaban etimologías. Por qué martes? Por qué planeta? Por qué dios de la guerra? Por qué Roma? Y una loba que no come bebes?
Hoy el se iba a llamar Arrotín Chicados y ella Cremaata Pon. Mañana Nipompis Ladycheskoli y ella Danica Elladobla. Y quizás otro día serían Azul y Rosa y sentirían lo que era estar en todos lados. Los colores, otra vez los colores. La ubicuidad. La omnisciencia. Omni, todo; sciencia, scia scia scia cien veces…
Y otra vez la alarma. O no? En realidad (en realidad?) estaban en una oficina el traje azul, ella corbata rosa y sonaba la campana de largada y todos los caballos salían corriendo. El, cielo de hipódromo y ella, copo de azucar en la puerta del zoológico cuando tenías 7 años. Y otra vez a buscarse. Y a desearse. Sin ser.
De Nico
Viene uno detrás del otro. Tan armaditos, tan ordenadamente manteniendo su distancia. Tan imperturbables que me hacen de a ratos ignorarlos y así cerrar un poquito los ojos aunque sea por un instante. Si se les presta real atención, uno se termina dando cuenta que su incontenible falta de estabilidad hace que no solo se desplacen de un lado al otro sino que hasta los obliga, de a ratos, a mutar en su redondeada forma. La mayoría de las veces hay que moverse detrás de la coma para comenzar a ver el cambio. La complejidad de todo esto es que vuelven a cambiar tan pronto nos empezamos a dar cuenta de que algo se movió...
Es verlos pasar todo el día, y de vez en cuando – en el exacto momento que asi lo siento – levantar el teléfono y cumplir con el objetivo de mi trabajo: Hacerle ganar fortunas a otros. Ese llamado - y este otro click - pueden significar el cielo o el infierno; no hay purgatorios a donde yo voy todos los días a las 9 en punto. El purgatorio es un game over, inserte otra ficha, una impresionante falta de cobardía de la que nadie se puede dar el lujo si quiere hacer bien mi trabajo.
Son las 11 y abrió el mercado, Lavera me trae un café y las planillas diarias. Son las once y la señorita Sequeiro me habla –3,10– de su fin de semana y de como – 3,06 – planea pasar el próximo en una cabañita en la laguna de – seis , 6,20 – Chascomus, y como le gusta- 9 -ria que un dia Guicarlo dejara el maldito fútbol –5,5, cinco – y la acompañase – cinco con 7 – a pasear por la costanera – 68 - y quizás a la noche un – sesenta-y-nueve – buen vino y a la cama (Ciento veinticinco). Luego vuelven otra vez a compartir la distancia y a ser nuevamente tan puros como decía Jung. Y en ese preciso instante desaparecen, desaparecen y se vuelven palabras, son letras en etiquetas, son ceros y unos, son ceros y unos, ceros y unos.
Y yo me despierto y de pronto mi traje desaparece y ella me dice Riotin al oído con su acento en clave de sol, justo antes de levantarse envuelta en sabanas, pensando por un instante que acaba de pasar la noche de su vida pero no manteniendo ese pensamiento porque esta segura – segura – que en unas horas vuelven las palabras y Lacan. El cheque llega puntualmente a nombre del señor Anhelo der Pony, y mucho no me preocupo porque siguen llegando. Mi preocupación es Mallore y la permanente tensión que necesito con ella para despreocuparme en el momento en el que estoy como cada mañana frente a la hoja en blanco que se va a llenar de palabras, una atrás de la otra, tan armaditas, tan ordenadamente manteniendo la distancia para crear un sentimiento. Y cuando llego a mil veces mil palabras , mandársela a mi editor que entre amistosa e interesadamente me va a escribir “lo hiciste de nuevo Riotin” y a los días llega el cheque que directamente mando a una de esas bolsas llenas de números inseparables que no entiendo. Son las 11 de la mañana, y Mallore vuelve a las 2.
El fondo vuelve a ser blanco, solamente queda un semicírculo negro, quedo mirándolo fijamente hasta que vuelve a llenarse y el fondo negro se vuelve a acercar a mi. Lavera me mira con una sonrisa, comprende que estoy en el infierno. No logro entender donde estaba, ni como no levante el telefono cuando el 9,34 se hizo 9,12 y menos todavía como llego a 8,noventa ante mi mirada de purgatório. Hoy estoy arruinado, los números de mis clientes no van a hacerlos mas ricos.
Ella llega a las cinco y entre las bolsas del supermercado me entrega un sobre, otro sobre para el señor Anhelo Der pony, pero esta vez se me informa de las trágicas perdidas. Que poco saben de palabras esta gente, usarlas tan tiránicamente para hablar de desaparición de unos miles. Vuelvo al escritorio hasta que Mallore me avisa que hizo milanesas y que me esperan en una mesa tan ordenadamente puesta. Me cuenta lo que hizo ese día y por un instante se me revela lo en lo cierto que estaba esa carta, ese sobre. Se acuesta a las 10, pero finalmente es un cero, son ceros, son ceros y unos , ceros y unos , ceros y unos.
Lavera vuelve a servir café.
Eso es una buena historia.
Es verlos pasar todo el día, y de vez en cuando – en el exacto momento que asi lo siento – levantar el teléfono y cumplir con el objetivo de mi trabajo: Hacerle ganar fortunas a otros. Ese llamado - y este otro click - pueden significar el cielo o el infierno; no hay purgatorios a donde yo voy todos los días a las 9 en punto. El purgatorio es un game over, inserte otra ficha, una impresionante falta de cobardía de la que nadie se puede dar el lujo si quiere hacer bien mi trabajo.
Son las 11 y abrió el mercado, Lavera me trae un café y las planillas diarias. Son las once y la señorita Sequeiro me habla –3,10– de su fin de semana y de como – 3,06 – planea pasar el próximo en una cabañita en la laguna de – seis , 6,20 – Chascomus, y como le gusta- 9 -ria que un dia Guicarlo dejara el maldito fútbol –5,5, cinco – y la acompañase – cinco con 7 – a pasear por la costanera – 68 - y quizás a la noche un – sesenta-y-nueve – buen vino y a la cama (Ciento veinticinco). Luego vuelven otra vez a compartir la distancia y a ser nuevamente tan puros como decía Jung. Y en ese preciso instante desaparecen, desaparecen y se vuelven palabras, son letras en etiquetas, son ceros y unos, son ceros y unos, ceros y unos.
Y yo me despierto y de pronto mi traje desaparece y ella me dice Riotin al oído con su acento en clave de sol, justo antes de levantarse envuelta en sabanas, pensando por un instante que acaba de pasar la noche de su vida pero no manteniendo ese pensamiento porque esta segura – segura – que en unas horas vuelven las palabras y Lacan. El cheque llega puntualmente a nombre del señor Anhelo der Pony, y mucho no me preocupo porque siguen llegando. Mi preocupación es Mallore y la permanente tensión que necesito con ella para despreocuparme en el momento en el que estoy como cada mañana frente a la hoja en blanco que se va a llenar de palabras, una atrás de la otra, tan armaditas, tan ordenadamente manteniendo la distancia para crear un sentimiento. Y cuando llego a mil veces mil palabras , mandársela a mi editor que entre amistosa e interesadamente me va a escribir “lo hiciste de nuevo Riotin” y a los días llega el cheque que directamente mando a una de esas bolsas llenas de números inseparables que no entiendo. Son las 11 de la mañana, y Mallore vuelve a las 2.
El fondo vuelve a ser blanco, solamente queda un semicírculo negro, quedo mirándolo fijamente hasta que vuelve a llenarse y el fondo negro se vuelve a acercar a mi. Lavera me mira con una sonrisa, comprende que estoy en el infierno. No logro entender donde estaba, ni como no levante el telefono cuando el 9,34 se hizo 9,12 y menos todavía como llego a 8,noventa ante mi mirada de purgatório. Hoy estoy arruinado, los números de mis clientes no van a hacerlos mas ricos.
Ella llega a las cinco y entre las bolsas del supermercado me entrega un sobre, otro sobre para el señor Anhelo Der pony, pero esta vez se me informa de las trágicas perdidas. Que poco saben de palabras esta gente, usarlas tan tiránicamente para hablar de desaparición de unos miles. Vuelvo al escritorio hasta que Mallore me avisa que hizo milanesas y que me esperan en una mesa tan ordenadamente puesta. Me cuenta lo que hizo ese día y por un instante se me revela lo en lo cierto que estaba esa carta, ese sobre. Se acuesta a las 10, pero finalmente es un cero, son ceros, son ceros y unos , ceros y unos , ceros y unos.
Lavera vuelve a servir café.
Eso es una buena historia.
nico
1 comentario:
MI CABEZA DA VUELTAS AHORA EN CICLOS, COMO ESTA HISTORIA.
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